¿Cuántas sesiones necesitaré para curarme?




“Si comprendo todo lo que me dice ¿me curo?” Esta interrogación en la consulta nos sirve de punto de partida para realizar la distinción entre la toma de conocimiento y la toma de conciencia.




La toma de conocimiento es puramente mental, intelectual, mientras que la toma de conciencia posee un componente emocional en cuanto se establecen el o los vínculos. Se vuelven evidentes y mutan en una certeza auténtica.




El pasaje entre la toma de conocimiento y la toma de conciencia se ve representado por la integración emocional que a menudo acompañan unos signos de descarga neurovegetativa, muy buscados en psicosomática puesto que aludimos a la existencia de una energía bloqueada, tanto física como psíquica.




Por lo tanto, tras la toma de conocimiento intelectual, varias posibilidades se abren ante nosotros:



1.       Toma de conciencia inmediata en casa, durante la consulta, leyendo un libro, hablando con alguien, entre otras. Por esta misma razón, ciertas personas confunden toma de conocimiento con toma de conciencia.



2.       Toma de conciencia retardada: Aparece fuera de la consulta e incluso, a veces, tiempo después de haber concluido de la terapia. seguramente no estaba preparado para ello cuando se estaba en la consulta.



3.       Ausencia de toma de conciencia: el ser humano tiene protecciones psíquicas en las que, ante un acontecimiento muy doloroso, se inhibe y se desplaza la atención en otra dirección, es una negación de la realidad para evitar volverse loco.



4.       Toma de conciencia facilitada: gracias al camino terapéutico, se efectúa una puesta en conciencia progresiva, con sus riesgos, sus adelantos, sus retrocesos… todo ello al propio ritmo del paciente.



5.       Puesta en conciencia: una vez comprendido y vivenciado se convierte en una certeza firme y profunda.


Una patología estructural posee múltiples raíces, como las de un gran árbol. Por ese motivo, también se denomina multifactorial. Arrancar un árbol cuesta trabajo y esfuerzo. Desde el punto de vista psicosomático, arrancar o desarraigar quiere decir, primero, evidenciar las raíces y los distintos orígenes de la patología. En algunos casos, puede remontarse a varias generaciones atrás. Luego, en función de lo que se ha encontrado, habrá que tratarlos, en la medida de lo posible, y ayudar al paciente a tomar el camino de la mejoría y de la curación.

Estructural significa que forma parte integrante de nuestra estructura de funcionamiento, como si nuestros genes hubiesen quedado impactados y la estructura de nuestra personalidad hubiese quedado impregnada. Nacemos y nos construimos física, fisiológica, biológica y psíquicamente sobre un terreno ya abonado y sembrado con nuestras semillas-enfermedades. A lo largo de nuestra vida, con regarlas será suficiente para que la enfermedad aparezca un día. En algunas patologías, hay raíces profundas que muestran su programación inconsciente, mucho antes del nacimiento del individuo afectado (proyecto sentido gestacional y transgeneracional).

La exploración psicosomática de una enfermedad estructural requiere habitualmente de varias etapas. Esquemáticamente se distinguen cuatro que van desde la focalización psicosomática a la focalización terapéutica:

1.- Estudio de la vida reciente del paciente evidenciando los elementos desencadenantes que generaron la aparición de los primeros síntomas y, en función del tipo de enfermedad, la evolución de los mismos.
2.- Averiguación de la programación de la enfermedad analizando la vida entera del individuo, desde su nacimiento así como antes del mismo: durante la gestación y la historia familiar a lo largo de varias generaciones.
Estos dos puntos anteriores nos permitirán establecer un diagnostico psicosomático lo más detallado posible.
3.- Partiendo del diagnóstico se definirá la terapéutica que mejor se adapte al caso. La duración podrá ser más o menos larga. Se trata de la focalización terapéutica.
4.- Seguimiento terapéutico a corto y medio plazo –desde unos meses a varios años-, en aras a ser más completo. Unos ejemplos de enfermedades estructurales son la mayoría de las patologías crónicas como los reumas, las insuficiencias –renales, hepáticas, cardíacas, respiratorias, metabólicas como la diabetes; las enfermedades degenerativas como la mayoría de las patologías neurológicas, las artrosis, entre muchas otras.



Me gustaría añadir lo siguiente: es importante que los pacientes tomen conciencia que no se les va a recetar el producto milagroso. El único remedio que se conoce consiste en hablar y contar la propia historia personal, describiendo algunos episodios y sentimientos concretos relacionados entre sí. Por esto, animo a que se cuente el contexto emocional en el que se encuentra la persona antes de los primeros síntomas.

La respuesta típica suele ser: “no veo nada especial, las cosas me van bien en la vida…”. Sin embargo, al tiempo aparecen recuerdos, sensaciones y emociones que van desde una ira contenida por el rencor que se siente ante una injusticia, o una tristeza profunda por un duelo no realizado, por poner algunos ejemplos.

Tengo que admitir que algunos casos son algo peculiares, lo que importa es como lo vive el paciente, que tipo de asociaciones enlaza en su psique para asimilar o soportar un conflicto.

El diagnostico emocional corresponde a una especie de verdad visceral que el paciente siente interiormente en sus entrañas, en el transcurso de la consulta o poco después y que resulta muy liberador.
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